Un día con la legendaria Marcia Haydée en el Teatro Colón

Casi no quedan en la danza figuras de la talla de esta mujer, que a los 87 años sigue transmitiendo su sabiduría; hora por hora, el detrás de escena de una jornada donde se prepara “Carmen”, la obra que el sábado abrirá la primera temporada de Julio Bocca al frente del Ballet Estable

Sonriente, Marcia Haydée señala el prendedor con la imagen de «Carmen» que diseñó Renata Schussheim para el estreno; a los 87 años, está montando por primera vez su versión con la célebre música de Bizet para el Ballet Estable del Teatro Colón / Fabian Marelli

Entre las once y media de la mañana y las cinco de la tarde, cuando empieza y termina la jornada de ensayos del Ballet Estable del Teatro Colón, Marcia Haydée no toma ni un vaso de agua. La mujer, una leyenda internacional de la danza de las que ya casi no quedan, se mantiene absolutamente enfocada en transmitir toda la información y las herramientas necesarias para que su versión de Carmen (2004) salga escena, a partir de este sábado, con todos los ingredientes que necesita en cuerpo y almabuena técnica, libertad y pasión.

Pero absolutamente concentrada no quiere decir ensimismada ni mucho menos abstraída: todo cuanto a su alrededor ocurre merece su atención. Puede devolverle una corrección a una bailarina y hacerle notar a otra que su estampa parece salida de un poema de García Lorca. Puede repartir cálidos abrazos, dejarse tomar la mano por un Don José que se arrodilla frente a ella para escucharla mejor y minutos más tarde sacarse unas fotos para esta nota en un improvisado juego actoral con Julio Bocca. También puede sentarse a conversar con LA NACION sobre por qué la libertad que desde muy chica consiguió en su vida la emparenta tanto con este personaje y, de pronto, apurar el paso si advierte que es hora de seguir la rutina del día en el escenario. Y cuando finalmente llega desde el tercer subsuelo hasta el primer piso, en un viaje de ascensor rodeada de admiradores que se lo hacen saber, puede esperar pacientemente unos minutos tras bambalinas a que una asamblea de trabajadores escenotécnicos termine de debatir sus condiciones laborales. Entonces sí, Marcia Haydée, la joven promesa que salió de Brasil y brilló en Europa, la estrella y musa de los más grandes coreógrafos del siglo XX (John Cranko, Kenneth McMillan, Maurice Béjart, John Neumeier), pareja imbatible con Richard Cragun y también partenaire de Rudolf Nureyev, la misma que creó obras y dirigió compañías, se sienta con su gorra de raso floreada y zapatillas deportivas, y a los 87 dice: “En el momento en que Dios me diga ya basta, me quedaré en mi casa por los últimos años de mi vida. Pero mientras tanto, mientras tenga fuerzas y ganas, y el mundo siga pidiendo algo de mí, voy a estar aquí. Esto no es una presión, es un placer”.

Marcia Haydée y Julio Bocca se conocen hace años: cuando él era una estrella en Nueva York, su buena fama llegó a oídos de la coreógrafa y directora del Ballet de Stuttgart, que lo quiso tener de príncipe invitado en su versión de "La bella durmiente"
Marcia Haydée y Julio Bocca se conocen hace años: cuando él era una estrella en Nueva York, su buena fama llegó a oídos de la coreógrafa y directora del Ballet de Stuttgart, que lo quiso tener de príncipe invitado en su versión de «La bella durmiente»Fabian Marelli

  • 11.20 hs.

Excepto por el chal color carmín, Marcia ingresa completamente vestida de negro en la sala 9 de Julio ni bien Luis Ortigoza termina de dictar la clase de las 10. Sin pensar que por largos años los dos se vieron las caras todos los días del otro lado de los Andes: Haydée era la directora del Ballet de Santiago donde él fue bailarín étoile, y lo preparó luego concienzudamente para que la sucediera en el cargo, que Ortigoza ejerció durante dos años en Chile.

La coreógrafa toma posición en el centro de una fila con los maestros internos de la compañía, que despliegan panillas y convocan a los soldados a empezar por una escena crucial en el argumento. “¿Qué pasó que de pronto Don José quedó dentro de la celda y Carmen afuera?”, dice sugerente el cordobés Leonardo Cuestas, coreólogo del Ballet Estable. Su pregunta retórica marca el tono de lo que se va a ver. Jiva Velázquez y Facundo Luqui se alternan en los roles del protagonista y del primer oficial, mientras un sólido cuerpo de baile masculino los circunda, en ordenada marcha militar. El exbailarín y ahora maestro de la casa Edgardo Trabalón, que tantas veces hizo esta obra antes en las versiones de Alberto AlonsoMauricio Wainrot y Alejandro Cervera que integran el repertorio del teatro, se fascina viendo la cocina de una Carmen cargada de peso actoral, y cuenta que a pedido de la misma Haydée les enseñó el paso marcial a los varones, así como la forma de limpiar el fusil, un conocimiento que trae a la danza de sus días en el liceo.

Entre los hombres se identifican caras nuevas, incorporaciones que resultaron de las audiciones del 1° de febrero: está el chico que vino de México, el de El Salvador, de Estados Unidos, pero es imposible que la mirada no se vaya detrás de la técnica de un jovencito estilizado que más tarde, con una sonrisa de oreja a oreja, comentará apoyado en una barra que cruzó el charco desde Uruguay (bailaba en el Sodre), pero es argentino y formado en el Instituto del Colón –tomar nota de ese nombre que promete: Fernando Haziel-. En términos actuales, podría decirse que lo que sigue es una escena de bullying que los uniformados le hacen a Don José por haberse dejado embaucar por una mujer que, haciendo uso de un arma irresistible -su poder de seducción- lo puso tras las rejas y después logró escapar.

El pianista va y viene tantas veces como haga falta por la partitura de Bizet que está cumpliendo un siglo y medio. Vagram Ambartsoumian salta de la silla al tapete a mostrar con el propio cuerpo una corrección mientras Natalia Saraceno y Cuestas le comentan a Marcia algunos detalles. Ella les presta atención y da lugar a las sugerencias del staff; cada par de ojos cuenta para enriquecer sus propias certezas. “Yo sola no puedo hacer nada. Oigo lo que dicen a mi alrededor; ellos saben lo que quiero”, aprecia con la humildad de los grandes. Luego, reparte un mix de devoluciones coloridas: Vinicius, usá la cabeza un poco más rápido; David, ¿te cortaste el pelo? ¡Será por eso que estás saltando más alto!; Jiva, qué bien hoy: ¿ensayaste toda la noche?; Luciano, me encantó tu sonrisa. “Me gusta hablar con los bailarines, que me cuenten cosas. Y pasarles a las nuevas generaciones un poco de todo lo que yo tuve”. Divino tesoro el de la transmisión. No importa a quién se le pregunte en el teatro, desde el director hasta un intérprete recién incorporado a las filas del cuerpo de baile, a todos se les cae de la boca la misma frase: “Es un honor tenerla acá”.

Hace un año y medio, con el repositor Pablo Aharonian -que también esta vez trabajó las primeras semanas de montaje con la compañía-, Marcia Haydée estuvo remontando para el Ballet Estable La fierecilla domadaEn esa oportunidad dio una generosa entrevista con LA NACION y ahora comparte un día completo de trabajo. A la hora del reencuentro con la compañía, dice que enseguida advirtió un cambio. “Entró el gran Julio Bocca y se nota”. ¿En qué, por ejemplo? “En la técnica, está más apurada», usa un adjetivo que aporta acento brasileño a su perfecto español.

La "Habanera", uno de los pasajes más reconocidos de "Carmen", frente a la mirada atenta de Haydée y los maestros internos de la compañía (Leonardo Cuestas, Natalia Saraceno y Vagram Ambartsoumian)
La «Habanera», uno de los pasajes más reconocidos de «Carmen», frente a la mirada atenta de Haydée y los maestros internos de la compañía (Leonardo Cuestas, Natalia Saraceno y Vagram Ambartsoumian) Fabian Marelli

  • 12.05 hs.

Con zapatillas de punta, Ayelén Sánchez afianza su interpretación de Carmen. Prueban la primera escena, en la fábrica de tabaco, que comienza con un barullo generalizado y termina en una punzante pelea. Se oyen las voces, las arengas. ¿Quién dijo que las bailarinas no hablan? “Como en una película o una pieza de teatro, la palabra es parte de la obra, sin eso no funciona. Y cuando llegan los contrabandistas, vas a ver ¡a los gritos! Hoy en día, un bailarín no puede solamente bailar; para mí lo más importante siempre fue la actuación. Me convertí en lo que soy porque tuve esa capacidad; si fuera solo danzar, no hubiera hecho nunca esta carrera, me habría aburrido”, confiesa Haydée. Entra la dueña de la cigarrería (en cada repetición del cuadro, las cinco intérpretes que tienen el papel irán probando) y golpea el bastón sonoramente dos veces contra el suelo para poner los puntos sobre las íes. “A las chicas no les gusta que les esté indicando qué hacer, y como Carmen hace lo que quiere, habla como quiere, grita, baila, al final es como que todas se convierten en Carmen”, traduce. El cuadro finaliza con un vestido roto por la espalda y un cuchillo bañado en sangre. “Van a tener que tener cuidado de apretar la pelotita de tinta en el momento justo para que no quede todo teñido de rojo antes de tiempo”, advierte Marcia. Por el momento, el arma de utilería se mantiene seca.

La pareja de bailarines de Facundo Luqui y Ayelén Sánchez, el pas de deux de "Carmen"
La pareja de bailarines de Facundo Luqui y Ayelén Sánchez, el pas de deux de «Carmen»Carlos Villamayor/Teatro Colón

Cuando suena la famosa “Habanera” que le dio a la ópera una de las arias más famosas, sentada en un banco de madera Carmen abre las piernas y suelta su cabellera en un meneo de cabeza de 360 grados. De forma atenuada, como un reflejo involuntario, Marcia reproduce ese movimiento. La gorra no se le mosquea, pero se nota que lleva el personaje en el cuerpo. “Es verdad, tengo una relación fuerte con Carmen, que para mí no es una persona sensual, es como un animal salvaje. Tiene el poder de manipular a cualquier hombre: todos quieren estar con ella. Y las mujeres buscan ser así, con esa libertad total, sin miedo a nada. Creo que hay un poco de eso en mí porque salí de casa con dieciséis años e hice mi carrera sola por Europa, tomando mis decisiones. Mi madre me dio libertad completa para hacer mi propia vida, para saber que quiero esto, pero no quiero aquello. Definitivamente tengo mucho de Carmen, por eso mi marido es un hombre muy especial: cuando me ve que voy rompante, me mira, espera y luego dice: ¿Terminaste? ¡Entonces vamos a comer!”, suelta una carcajada. Él es Günther Schöberl, casi veinte años menor; no está esta mañana en la sala, pero tampoco muy lejos. Tal vez del otro lado de la 9 de Julio, en el hotel donde se alojan. Vienen de Canadá, después de Buenos Aires irán para Brasil. “Él me entiende”. Por algo llevan treinta años juntos.

  • 13.00 hs.

La última en probarse la piel de esta mujer salvaje es Victoria Wolf. El comienzo de este 2025 le resulta muy gratificante a la bailarina, que siente el desafío y la oportunidad de interpretar por primera vez a Carmen. “Es un proceso de gran aprendizaje y destaco la confianza en uno mismo que Marcia Haydée fomenta, siempre buscando resaltar algo único de cada una”, dice. Sobre esto último, se sincera: “En un primer momento, no sabía por dónde empezar a construir el personaje, pero de a poco fui aferrándome a la fuerza interior que para mí tiene que tener una mujer para vivir así, fiel a ella misma, con una necesidad de total libertad, incluso dispuesta a morir por eso”. Justamente Marcia cree que esta compañía tiene personalidad y que no hay entre todas ellas dos Carmen iguales. “Son cinco repartos, como quería Julio, y todos entendieron lo que yo pedía. Son seres diferentes, así que veo a cada una detrás del personaje. Yo les digo qué hacer y no les digo cómo hacerlo, tienen que poner de sí mismos”.

La legendaria bailarina y coreógrafa, Marcia Haydée, está montando a sus 87 años su propia versión del ballet "Carmen" con el Ballet Estable del Teatro Colón junto a Julio Bocca
La legendaria bailarina y coreógrafa, Marcia Haydée, está montando a sus 87 años su propia versión del ballet «Carmen» con el Ballet Estable del Teatro Colón junto a Julio Bocca Fabian Marelli

A propósito de Bocca, a la hora del break, el flamante director deja la sala donde simultáneamente ensayaba a otra pareja, y viene al encuentro de su invitada. “Julio es especial, tiene una cabeza muy buena. Pienso que puede resultar difícil para los bailarines sin tanta disciplina, pero en esta vida uno necesita tenerla”, evalúa la coreógrafa, que conoce al argentino desde que él era una estrella en Nueva York y ella la directora del Ballet de Stuttgart: ni bien escuchó de la buena fama del argentino, lo quiso de príncipe para su Bella durmiente. Mucho más tarde, cuando Bocca dirigió el Ballet del Sodre en Uruguay, le devolvió la gentileza de convocarla, para hacer su Carmen. Como aquí y ahora: “Que él quiera entrar en el Colón y abrir su primera temporada con mi obra es un orgullo”.

El momento cómplice de ver jugar a dos grandes frente a la cámara del fotógrafo de LA NACION atrae la atención de más curiosos, que también enfocan y hacen clic. Haydée lo abraza y Bocca se arrodilla, pone la cabeza sobre su regazo. Ella lo acaricia.

  • 14 hs.

El turno tarde de este día con Marcia Haydée traslada la acción al escenario, donde durante las siguientes horas se realiza todo tipo de ajustes para que los engranajes de la gran maquinaria que es una obra estén donde tienen que estar. Los decorados entran en relación con los bailarines, que prueban las tarimas, ingresan con faroles y baúles, se trepan a la reja de una celda. Todo ocurre por primera vez: incorporar las distancias entre los integrantes del cuerpo de baile los hace repetir una secuencia de saltos que no termina de cruzar dos diagonales exactamente donde Bocca quiere. Entonces, él mismo se aposta como señalización de la altura adonde debiera elevarse el grand jeté. La maniobra resulta elocuente: con él ahí parado ya no fallan.

Mientras en el escenario comprueban los desplazamientos de la escenografía de esta nueva producción, en los palcos el público "casual" de una visita guiada se lleva de yapa la sorpresa de un ensayo
Mientras en el escenario comprueban los desplazamientos de la escenografía de esta nueva producción, en los palcos el público «casual» de una visita guiada se lleva de yapa la sorpresa de un ensayo Fabian Marelli

Todo vuelve a empezar, como unas horas antes tres pisos más abajo, con la escena inicial en la cigarrería. En el proscenio, junto a Haydée, además de los maestros internos ahora se ubican Bocca y su staff (la asistente de dirección española, África Guzmán; Nadia Muzyca y Ortigoza). Cuando Maricel De Mitri toque la campana, un telón del color del tabaco subirá.

Haydée con Maricel De Mitri, que encarna a la dueña de la fábrica de cigarros donde trabaja Carmen
Haydée con Maricel De Mitri, que encarna a la dueña de la fábrica de cigarros donde trabaja CarmenFabian Marelli

De Mitri tiene la severidad que pide el rol de la dueña de una fábrica de cigarros donde decenas de mujeres rebeladas van tras el humo de una tal Carmen. Es un gusto volver a verla en acción y comprobar que la artista está ahí, que sigue persiguiendo aquel laborioso estándar de sus días de primera bailarina: “Siento mucho respeto por este escenario”, balbucea en una de sus entradas y salidas. Pasó una década de aquella lesión de rodilla que la dejó fuera de pista y sin despedida. Tal vez haya que pensar que por algo el capítulo quedó abierto, que tenía que volver.

Haydée y Bocca ajustan detalles en el escenario
Haydée y Bocca ajustan detalles en el escenarioFabian Marelli

Julio Bocca se concentra en las líneas y la técnica. Camila Bocca (que baila Micaela en este reparto y Carmen en otras funciones) atiende una devolución del director en una esquina: casualmente comparten apellido, pero no existe parentesco entre los dos. Haydée dedica unas palabras a Micaela, una mujer muy especial, porque tiene la capacidad de amar, y repara además en el antagonismo. “Micaela ama a Don José, sueña con casarse, estar a su lado, ayudarlo a ser un gran oficial. Totalmente diferente de Carmen, que se ama a sí misma, ama su libertad. Porque Carmen no está enamorada de Don José, lo que le sucede es que de pronto ve a ese hombre que está haciendo carrera, que tiene una novia, que abandona todo por ella, que es capaz hasta de matar… Y ahí empieza una situación entre ambos que no se puede decir que sea un gran amor”.

Natalia Pelayo y Valentín Batista, preparando el estreno de "Carmen", con el coaching de Julio Bocca y Nadia Muzyca
Natalia Pelayo y Valentín Batista, preparando el estreno de «Carmen», con el coaching de Julio Bocca y Nadia MuzycaCarlos Villamayor/Teatro Colón

Natalia Pelayo y Valentín Batista son Carmen y Don José en este momento. También en ellos recaerá la responsabilidad del debut, el próximo sábado. Con veinte años en el Ballet Estable y experiencias en otras aguas artísticas como el cine (fue la Francisca de la película Aniceto, de Leonardo Favio), Pelayo está entusiasmada porque por primera vez como bailarina clásica va poder usar su voz en escena, decirle al público mientras baraja las cartas: “No quiero que me atormenten ni mucho menos que me manden; yo quiero ser libre”. Batista, de 27 años, pisa por primera vez el escenario más importante del país: se incorporó al Ballet Estable hace poco más de un mes. Recién cuando fue elegido en la audición del verano, renunció a su puesto de solista en el Texas Ballet y desarmó su vida en los Estados Unidos, adonde se había ido a estudiar a los 14 años.

El segundo acto arranca tocando la cuerda del humor, con un divertissement en la cantina entre el cuerpo de baile y cuatro mozos pasados de copas, bandidos y toreros. Federico Fernández es Escamillo (el primer bailarín alternará este papel con el protagonista, que ya conocía de primera mano, porque Marcia le montó el ardiente pas de deux por Zoom para su compañía independiente, cuando todavía regía la distancia pospandemia). Pero el clima festivo dura poco: cuando llega Don José los celos lo vuelven loco.

Ciertamente toda la pieza está regida por la intensidad dramática de Bizet más Haydée, que está pendiente de la teatralidad. Por algo no fue “una bailarina normal”; por alguna razón Cranko creó sobre ella la Tatiana de Onegin o la Julieta de Shakespeare (¡vaya dramas!), y dos años antes de morir le hizo una Carmen que, admite, “no funcionó”, en buena medida, porque “para evitar la música de la ópera encargó otra nueva a Wolfgang Fortner”.

Todavía en esta instancia sin trajes, sin luces ni sangre en el cuchillo, cuando Pelayo y Batista se trenzan en el pas de deux del final el impacto de lo que allí está pasando -digámoslo con todas letras: un femicidio- corta el aire, y la actuación conmociona. “Lo hicieron muy real, muy del corazón. Es fuerte”, les dice la coreógrafa para terminar la jornada a las cinco en punto. ¿A alguien se le ocurre un halago mayor?

Marche presa: en la Rotonda, la pareja de Fernández-Bocca ensayan los roles protagónicos que bailarán el 6 y el 12 de abril
Marche presa: en la Rotonda, la pareja de Fernández-Bocca ensayan los roles protagónicos que bailarán el 6 y el 12 de abrilCarlos Villamayor/Teatro Colón

Para agendar

Carmencon coreografía de Marcia Haydée y música de Bizet, por el Ballet Estable del Teatro Colón. Cinco parejas protagonizarán diez funciones, del 5 al 16 de abril. En los roles de Carmen y Don José se alternarán los bailarines Natalia Pelayo y Valentín Batista (el 5 y 11 de abril), Camila Bocca y Federico Fernández (6, 12), Ayelén Sánchez y Facundo Luqui (8, 13), Eliana Figueroa y Jiva Velázquez (9, 15), Victoria Wolf y Juan Pablo Ledo (10, 16).

Fuente: Constanza Bertolini, La Nacion